Pensar la exposición

Diálogos curatoriales en el marco del Festival de mujeres Informales

6/25/20263 min read

La historia del arte en Cuenca ha sido, durante gran parte del siglo XX, un ejercicio de omisiones deliberadas y jerarquías estéticas que configuraron una "modernidad excluyente". Frente a este legado de silencio, surge la necesidad contemporánea de "pensar la exposición", no como un escaparate de objetos terminados, sino como un dispositivo crítico que disputa el sentido de la historia, la memoria y la visibilidad política. El presente ensayo analiza cómo la curaduría contemporánea en Cuenca, ejemplificada en proyectos como Cholita Girls, subvierte la semiótica tradicional para proponer un ecosistema artístico basado en la permanencia y la soberanía de los relatos contextualizados.

I. La imagen como campo de batalla

Para comprender el giro estético del siglo XXI, es necesario revisar el punto de ruptura con el pasado. Entre 1890 y 1950, la producción de las mujeres en Cuenca estaba condicionada por un código moral que asociaba el arte femenino a la "felicidad doméstica" y a la "belleza moral". Según Macarena Montes. Semióticamente, la obra de las artistas académicas —como María Donoso o Mina Moreno— se movía en los límites del retrato, el paisaje y el bodegón, géneros considerados "menores" o "refinados". La mujer era el sujeto de la "abnegación", representada a menudo como colaboradora o subalterna del genio masculino.

En contraste, la imagen de "Cholita Girls" opera bajo una semiótica de la subversión. El uso de máscaras tradicionales, superpuestas a una estética urbana y saturada de color magenta, rompe con la pasividad histórica. La máscara aquí no oculta, sino que denuncia una identidad híbrida que reclama el espacio público. Mientras que en 1904 las mujeres exponían "imitaciones de flores naturales" y "bordados primorosos" en secciones de "obras de mano", las artistas del siglo XXI utilizan "estéticas de shock", fuego, videoinstalación y performance para desplazar el enfoque del objeto decorativo hacia el cuerpo político y el proceso.

II. La exposición como producción de historia: El contra-archivo

Uno de los pilares teóricos del mapa conceptual propuesto es que "toda curaduría produce historia, incluso cuando no es consciente de ello". En una ciudad donde la historiografía del arte ha sido marcadamente androcéntrica, donde, por ejemplo, en un estudio de 49 biografías artísticas solo una correspondía a una mujer, el acto de exponer se convierte en una herramienta de memoria y contra-archivo.

Pensar la exposición hoy implica decidir "qué se narra y qué se omite". Los proyectos contemporáneos liderados por curadoras como Gabriela Moyano, Saskya Fun Sang, Juliana Vidal o Cristina Carrasco no buscan simplemente "incluir" nombres de mujeres en un canon preexistente. Buscan, en cambio, reconocer la profesionalización femenina. La exposición deja de ser un evento para transformarse en un espacio de construcción de historia en tiempo real, corrigiendo el vacío documental que dejó la modernidad excluyente.

III. Visibilidad e infraestructura: La política de la atención

El mapa teórico postula que "la atención es política". Esta premisa reconoce que la visibilidad no es un estado natural del arte, sino que está "condicionada por estructuras de legitimación". En la Cuenca del siglo XX, estas estructuras estaban vinculadas a la academia, la Iglesia y las élites regionales, que segregaban las clases de pintura por sexo y limitaban el acceso de las mujeres al dibujo al natural.

Hoy, la apuesta se desplaza hacia la infraestructura, entendida como el conjunto de condiciones materiales y simbólicas (recursos, espacios, redes) que permiten sostener las prácticas artísticas en el tiempo. Ya no basta con la visibilidad efímera de un salón de premios; el valor teórico reside en la permanencia. Como señala el documento, "la exposición no salva artistas: fortalece procesos". La profundidad de una propuesta estética se reconoce con el tiempo, y para ello es vital el apoyo y acompañamiento sostenido de las redes de mujeres artistas y pensadoras mencionadas en la escena actual.

Conclusión

¿Por qué es importante pensar en la exposición? Porque es el lugar donde se negocia quién tiene derecho a ser visto y qué experiencias merecen ser recordadas. Mientras que la modernidad temprana en Cuenca utilizó la academia para domesticar la creatividad femenina bajo preceptos de moralidad y "manualidad", la praxis contemporánea entiende la exposición como un acto de soberanía intelectual.

Al integrar la visibilidad, la memoria, la permanencia y la infraestructura, las artistas cuencanas del siglo XXI están produciendo no solo obras, sino una nueva filosofía crítica del arte. La transición de la "Hilandera" romántica de 1939 a la potencia visual de las Cholita Girls no es solo un cambio de estilo; es la evidencia de que el ecosistema artístico de Cuenca ha comenzado a producir sus propias condiciones de existencia, resistiendo al olvido y reclamando su lugar en la historia.

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