
Mirar sin extraer:
Notas para el arte en territorios
Mi
10/1/20263 min read


1. Mirar no es un acto neutro. Quien mira un territorio decide qué entra en el encuadre, qué se vuelve registro y qué queda fuera. Susan Sontag lo dijo de la fotografía: fotografiar es apropiarse de lo fotografiado. Eso vale para cualquier forma de documentar. La mirada que llega de afuera, con una pregunta, una cámara o un formulario, ya ejerce poder antes de decir nada.
2. Las dos formas de reducir a una persona: el dato y la ilustración.
El dato vuelve legible lo que era complejo. James C. Scott mostró que los Estados simplifican las sociedades (censos, mapas, categorías) para poder administrarlas, y que lo que no cabe en la categoría desaparece de la política. Una persona convertida en fila de una tabla puede ser contada, pero ya no puede ser escuchada. A esto se suma el discurso del desarrollo, que según Arturo Escobar construye a los pueblos desde lo que les falta. Quien llega buscando carencias encuentra carencias y deja de ver lo que sí existe.
La ilustración hace lo inverso: usa a la persona como prueba de una idea que ya existía. Claire Bishop critica el arte participativo que instrumentaliza a las comunidades, convirtiéndolas en material de un discurso ajeno, bienintencionado o político. Spivak planteó el problema de fondo: representar a otros puede ser otra forma de hablar en su lugar. En ambos casos la persona es un medio y no un fin.
3. El extractivismo no es solo económico. Ramón Grosfoguel y Silvia Rivera Cusicanqui hablan de un extractivismo epistémico o académico: tomar saberes, narrativas y prácticas de comunidades para producir conocimiento y prestigio que no regresan a ellas. Linda Tuhiwai Smith recuerda que "investigar" tiene una historia dolorosa para muchos pueblos justamente porque se investigó sobre ellos y no con ellos. Miranda Fricker lo llama injusticia epistémica: no creer o no valorar a alguien como sujeto que sabe.
4. Qué significa mirar sin extraer. No significa dejar de mirar. Significa sostener cuatro condiciones:
Reconocimiento. Martin Buber distinguía entre relacionarse con alguien como un tú o como un ello. Jacques Rancière parte de la igualdad de las inteligencias: nadie necesita que otro le explique lo que su propia vida ya sabe.
Diálogo. Freire propuso que las personas no sean objeto de investigación sino coinvestigadoras. Fals Borda, desde la investigación-acción participativa, habló del saber sentipensante: el que sabe quien siente y piensa a la vez desde su territorio.
Opacidad. Édouard Glissant defendió el derecho a la opacidad: no todo tiene que volverse transparente, explicable y registrable para ser digno de respeto. Frente a la lógica del dato, esto es central. Una comunidad puede no querer, o no poder, ser traducida del todo.
Devolución. Si lo que se toma no vuelve de una forma que sirva a quien lo dio, es extracción, por buenas que sean las intenciones.
5. El arte como práctica previa, no como herramienta que llega. En los territorios el arte ya existe: cantos, oficios, fiestas, saberes que se transmiten de manera informal. Grant Kester propone una estética dialógica, donde la obra está en la conversación y no solo en el objeto. Desde esta mirada, el arte comunitario no introduce arte donde no hay, sino que acompaña, reconoce y hace posible lo que ya está. Su criterio de éxito deja de ser la cantidad de actividades y pasa a ser la permanencia: qué queda cuando quien llegó se va. Es lo que el derecho a la cultura exige: no recibir talleres, sino poder practicar, aprender y transmitir las expresiones propias.
6. La autoría no es el problema. Producir pensamiento desde un territorio no es extractivo en sí mismo. Lo es cuando el saber se presenta como si no tuviera deuda. La alternativa es una autoría situada: nombrar de dónde viene lo aprendido, devolverlo en formas útiles y no apropiarse de lo que pertenece a otros.
7. Cinco preguntas de prueba para cualquier práctica de diagnóstico o registro en territorio
¿Quién decide qué se registra y para qué?
¿Puede alguien negarse sin perder nada?
¿Qué vuelve al territorio, y en qué forma?
¿Lo registrado puede sobrevivir sin quien lo registró?
¿Las personas aparecen como sujetos con voz o como ejemplo de algo?
Pregunta abierta: ¿cómo se documenta un territorio sin convertirlo en un archivo que nos pertenece a todos?