Mirar sin exotizar
Notas sobre la distancia, el tiempo y la belleza
Mi
10/3/20263 min read


1. Exotizar es mirar desde lejos.
Lo exótico no es una cualidad de un lugar ni de una persona, sino una relación: algo resulta exótico para quien mira desde un centro que se da por normal. Edward Said mostró cómo Occidente construyó "Oriente" como su reverso, y que esa imagen decía más de quien la fabricaba que de lo descrito. Stuart Hall lo explica con el estereotipo: reduce a alguien a unos pocos rasgos, los presenta como naturales y los fija, y así separa lo normal de lo extraño. La mirada exotizante convierte la diferencia en espectáculo.
2. Tres operaciones de la mirada exotizante.
Congelar en el tiempo. Johannes Fabian llamó "negación de la coetaneidad" a ubicar al otro en un tiempo distinto al de quien lo observa. Palabras como "ancestral", "tradición" o "lo que se pierde" dejan lo rural en el pasado de quien mira. La nostalgia es su forma más amable, y preguntar qué se pierde es legítimo, pero el verbo ya contiene una narrativa.
Exigir autenticidad. Dean MacCannell y John Urry describieron al viajero que busca lo "real", lo "no contaminado". Esa búsqueda castiga a las comunidades por tener antena, celular o cemento. Lo auténtico pasa a ser lo que cumple la expectativa de quien llega.
Estetizar lo precario. El paisaje sin gente, la pared que se deshace convertida en textura, la luz dorada. Susan Sontag advirtió que contemplar el sufrimiento ajeno no equivale a comprenderlo, y la belleza puede ser un anestésico. Raymond Williams mostró que el campo idealizado borra el trabajo, la propiedad y la desigualdad que lo organizan.
3. La trampa inversa.
Huir del exotismo puede caer en dos errores simétricos. El primero es la compasión que reduce: lo que Chimamanda Adichie llamó la historia única, donde un pueblo es solo su carencia. Idealizar y victimizar son dos formas de reducir. El segundo es la falsa neutralidad: mirar a todos "como iguales" borrando lo que los distingue. Glissant defendió el derecho a la opacidad, es decir, a ser diferente sin tener que volverse transparente ni quedar en jerarquía. Rivera Cusicanqui, por su parte, ha insistido en que las imágenes son también formas de pensamiento y en que importa quién las produce.
4. Del "sobre" al "cerca".
La cineasta Trinh T. Minh-ha propuso hablar cerca de y no sobre: reconocer la distancia en vez de fingir que se la cruzó. Eso se traduce en prácticas concretas:
Convertir el adjetivo en pregunta. "Curioso", "peculiar", "pintoresco", "mágico", "olvidado" o "escondido" suelen marcar algo que todavía no se entiende.
Hacer la prueba del traslado. ¿Se vería igual un letrero, un altar o una fachada descascarada en el barrio propio o en una ciudad? Si allí no sería "curioso", el asombro viene de la distancia.
Poner el presente en el cuadro. Antenas, motos, paraderos, cemento, pantallas. Lo contemporáneo no contamina lo rural, es parte de él.
Mostrar trabajo y relaciones, no solo escenario. Quién cuida, quién cultiva, quién sostiene.
Describir antes de calificar, y nombrar con las palabras del lugar.
Permitir réplica. Devolver la imagen o el texto a quien aparece o habita, y estar dispuesta a corregirlo.
Decir desde dónde se mira. Donna Haraway llamó conocimiento situado a esa explicitación de la posición, que reemplaza la pretensión de mirar desde ningún lugar.
5. Una advertencia.
No existe una mirada pura. Exotizar no es un error que se supera una vez, sino una tendencia que se vigila. El objetivo no es eliminar el exotismo, sino volverlo visible y revisable.
Cinco preguntas de prueba
¿Qué palabra uso para describirlo, y qué dice de lo que aún no sé?
¿Lo miraría igual en mi propio barrio?
¿Dónde está el presente en esta imagen?
¿Quién trabaja aquí, quién lo sostiene, quién lo cuenta?
¿Qué diría quien vive aquí de esta imagen, y tiene cómo decírmelo?
Pregunta abierta: ¿qué haría falta para que lo mirado pueda mirar de vuelta?